REFORMA LABORAL o TEATRO COLOSAL

Hoy, seguramente las noticias irán llenas de reforma laboral. Lo que no se ha hecho en los años de bonanza se ha querido hacer en una semana y todo concentrado en el teatro de una noche. En los medios de comunicación todo se ha concentrado en el número de días de despido. Una simplificación excesiva ¿No? Demasiadas prisas y demasiada presión. A nosotros nos parece que esto es como querer hacer un buen caldo con pocos ingredientes, mucha agua, mucho fuego y poco tiempo.

Una reforma laboral hay que encararla con TODOS los segmentos del mercado y no con una parte. Tampoco se puede reformar nada sin saber cuál será el modelo económico en el que nos moveremos ni cuál será el eje principal de generación de valor añadido. ¡Ayudemos a los exportadores! Los números no cuadran cuando se quiere mantener el gasto social, se incrementa la necesidad de ayuda al desempleo, sube el cómputo global de las pensiones con todos los nuevos “prejubilados” y el gasto sanitario no baja. ¿Qué queda? ¿Educación? ¿Investigación?

Pensar en procesos nos facilita comprender la complejidad del tema. En el frasco de un perfume no se guarda un líquido simple. El contenido puede llegar a tener cientos de componentes (todos de muy buena calidad) y saberlos combinar en las proporciones adecuadas es lo que hace que una gota encierre un universo de sensaciones.

En un proceso, como lo puede ser la reforma laboral, no podemos olvidar a ningún rol necesario. Tampoco podemos olvidar la necesaria coordinación que han de tener entre todos ellos. Una vez se tiene claro por qué se hace, hay que definir quién hace qué y cuándo y cómo se hace. Olvidarse estos detalles quita contenido y esencia al proceso.

Se necesita dinero para hacer las cosas. Así que primero busquen de dónde van a ahorrar y acuerden criterios y prioridades. Identifiquen lo innecesario y los excesos realizados y gestiónenlo (ya nos entienden). Luego no se olviden de identificar los motores de desarrollo. No se olviden de las universidades ni de la investigación. No se olviden de la cantidad de formación necesaria para generar competencias nuevas a los que no las tienen pero que atesoran, todavía, mucha energía y, sobre todo, no se olviden de la juventud (un tesoro). Comuniquen bien la dirección en la que vamos a orientar la marcha y con criterios de austeridad, esfuerzo compartido y sin precipitación demos el primer paso.

Tenemos la economía intervenida. Es un hecho ¿Queremos ser protagonistas de nuestro futuro? Ahora ya no se puede devaluar pero sí que hay que ahorrar, gastar menos y exportar más. No es posible seguir ganando lo mismo, viajar más y trabajar menos. Ahora toca ponerse las pilas, hay que motivar y hacer todo lo que no se ha hecho.

¿Recuerdan aquel “Si Usted puede, España no”?  Valor añadido es la clave del asunto. Hacemos muchas cosas bien. ¡Exportémoslas! Identifiquemos a nuestros mejores vendedores. No se olviden de la potencialidad del cuerpo diplomático. Los mejores países tienen a su mejor vendedor como presidente o presidenta.

Hay que hacer reformas sustanciales y dejar de hacer teatro. Con las cosas de comer no se juega. Nosotros ya exportamos.

Juan Carlos Estorach   &   Joaquim Esquirol

Gestión por Procesos

EL TIEMPO es polvo de estrellas

Reducir costes es fácil. Tris, tras y ya está, pero no estamos tan seguros de que eso sea lo más conveniente. Lo interesante es saber cortar generando valor que no es lo mismo que cortar lo que no genere valor (esto último hay que hacerlo siempre). Cuando se podan los árboles se concentran las energías de la planta en una dirección determinada. Esto es más que simplemente cortar.

Ahorrar 15.000 millones de euros a base de reducir sueldos y de retrasar inversiones no es más que reconocer la incapacidad de gestionar. Reducir sueldos, para empezar, implica anular las motivaciones y las ilusiones necesarias para luego crecer. Sería como cortar el árbol de raíz y no las ramas que distraen las energías productivas. El sueldo tiene que cumplir dos condiciones básicas, primera: ha de estar ligado al esfuerzo y a los resultados; segunda: tiene que ser “de mercado”. Desviarse de aquí es alimentar un problema que un día u otro explotará. Lo de retrasar inversiones no es más que posponer el bienestar. ¡Ustedes mismos!

Como criticar sin sugerir alternativas no es correcto vamos a identificar algo que sí que hay que hacer y con urgencia. Las administraciones (la central más las autonómicas) tienen un gasto corriente anual (sin contar sueldos ni amortización) de 55.000 millones de euros. Todos sabemos el derroche que hay en esta cifra. Seguro que en la gestión de esa partida hay en lo que ahorrar. Seguro que hay muchos excesos, opulencias y favores escondidos. Tenemos otra sugerencia o, mejor dicho, pregunta: ¿seguro que de los gastos militares en los que se está incurriendo están exentos de excesos?

¿Somos los únicos que pensamos así? Por un lado hay que fijarse en los excesos incurridos y que hay que volver a poner en la senda del sentido común y, por otro, hay que fijarse en las oportunidades de futuro. Esto no es simplemente cortar. Esto es gestionar y buscar nuevas alternativas de crecimiento. Esto es generar valor añadido y no hundir motivaciones ni frustrar energías. Y no nos metemos en política.

En las empresas, tanto en las grandes como en las pequeñas, siempre hay alguien que se fija en que los gastos no se salgan de lo que antes hemos llamado “sentido común” y que los sueldos proporcionen ese punto de justicia y de energía que “generen valor”. Lo malo es cuando “de golpe” se nos hunden las ventas y todos los esfuerzos son pocos para poder mantener la nave a flote. Cuando eso ocurre es evidente que nos han cazado con el pie cambiado. En esos momentos todos nuestros errores de gestión y excesos incurridos se convierten en lastre.

Uno de los excesos más significativos es el tiempo. Un dato: un minuto de tiempo perdido por un asalariado normal está en el orden de los 20 céntimos de euro (coste empresa). Si quieren ahorrar costes generando valor piensen en los tiempos perdidos por las personas de su organización haciendo excesos o cosas innecesarias. 15 minutos de tiempo perdido por 10 personas equivalen a 30 euros. ¡Hagan números!

No queremos utilizar el tan manido “el tiempo es oro” pero, si conseguimos reducir los excesos (de todo tipo) y lo inútil e innecesario de nuestras organizaciones estaremos construyendo “valor añadido”. Nosotros seguimos creyendo que el esfuerzo continuo, bien dirigido y coordinado se convierte en polvo de estrellas.

Juan Carlos Estorach   &   Joaquim Esquirol

Gestión por Procesos