¡O cambiamos o nos cambian!

Las organizaciones tienden a aprovechar al máximo lo que hasta ahora les ha funcionado bien antes que a identificar y aprovechar nuevas oportunidades. Es cierto que meterse en nuevas aventuras es más arriesgado que seguir haciendo “lo de siempre”. Imagínense el problema si además los resultados, hasta ahora, han sido buenos.¿Hacia dónde?

El cliente y los mercados están en cambio perpetuo y cada vez a mayor velocidad. En pura lógica nosotros también deberíamos cambiar (o ir cambiando que no es lo mismo). Pero para realizar cualquier cambio se necesita, primero, consciencia de su necesidad y, segundo, disponer de la energía y voluntad necesarias para realizarlo. Pero si por un lado está el “no meneallo” y por el otro la incertidumbre propia de cualquier cambio, el resultado es una muralla muy alta. Tal vez demasiado alta. ¿Cuánta energía hace falta para saltar la muralla? ¿Disponemos de toda esa energía en una situación como la actual? Y además me pregunto: ¿Se añade miedo a todas esas sensaciones?

Si fuera tan sencillo, las grandes compañías (esas que cotizan en bolsa) hubieran visto venir al lobo y, en cambio, a muchas, no a todas, les ha mordido como a la mayoría. Al final, detrás de las decisiones hay personas y el miedo y la incertidumbre las paraliza. Existe un alto riesgo de que estos sentimientos individuales contagien a las organizaciones. No todas han respondido de la mejor manera delante de esta crisis. ¡También ellas se paralizan!

¿Existe una metodología para hacerlo mejor?

Para controlar nuestro futuro debemos controlar primero nuestro pasado. ¿Cuántos problemas del pasado no fueron resueltos correctamente y vuelven a salir de nuevo? Hasta que no están completamente solucionados, los problemas se enquistan repitiéndose más que los pimientos. Los cambios estables se empiezan mirando hacia adentro. Luego, cuando todo está bien, en orden y tranquilo, podemos mirar hacia fuera. ¿Verdad que es fácil?

Cambiar cuesta (y a veces duele), pero no es excusa para no intentarlo cada día.

Hasta ahora los cambios los hemos hecho por oportunidad o porque no nos ha quedado más remedio, a empujones. Casi por miedo más que por voluntad. El cambio es la oportunidad continua de la mejora y el aprendizaje la mejor estrategia de estabilidad y progreso. No es lo mismo cambiar ante la oportunidad que buscar estratégicamente el cambio.

Mientras Vds. se lo piensan, nosotros vamos a identificar cambios a realizar antes de que nos cambien. Hasta la semana que viene.

Juan Carlos Estorach   &   Joaquim Esquirol

Gestión por Procesos

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