¡Tanto trabajo y tan poco tiempo!

Sabemos que los cambios más significativos en las organizaciones (para bien o para mal) no ocurren en momentos de calma. Una vez escuché: “cuídate de los peniques que las libras se cuidan solas”. Siempre los mismos conceptos básicos: volver a sacar brillo a los beneficios del ahorro (contrario al despilfarro), de la austeridad, del servicio (sobre todo en lo comercial) y pensar primero en las personas.

Cada gestor activará mecanismos en función de la percepción de la situación en la que se encuentre su organización, en función de las ventajas competitivas de las que se disfrute y en función de las oportunidades y peligros que perciba. Pero hay cuatro cosas que va a tener muy en cuenta. Primero las ventas, segundo los costes, tercero las oportunidades y cuarto: hacerlo rápido.

No olvidará que hay clientes a los que servir y fidelizar (hoy más que nunca) y enamorar a los que la competencia descuide. Diseccionará todas las partidas de gastos, olvidadas en la euforia, y actuará con extrema sensibilidad y precisión en su arreglo.

Un exceso de deuda en un mercado retraído con tecnologías inadecuadas o inversiones equivocadas pueden llevar al traste a las mejores intenciones, etiquetándolas de “arriesgadas especulaciones”. A veces las especulaciones arriesgadas salen mal (sin ganas de buscar culpables porque otras veces salen bien) y reduce el valor de mercado de esas operaciones. Esto representa una oportunidad de compra para los que saben gestionar y generar valor añadido aprovechando las economías de escala.

Mientras buscamos, qué tal si reducimos deuda vendiendo activos no estratégicos (aquellos que no nos ayudan en nuestro negocio directo) y que creamos que no servirán tras la tormenta. Implica conocer bien los negocios en los que estamos, conocernos bien y ser sensibles a las nuevas tendencias del mercado. Reorganizar actividades que hayan crecido de manera desordenada y, ahora. Como cuando se poda un árbol para obtener más frutos en la temporada siguiente. Un ejemplo histórico: TOYOTA proviene de desinvertir de la producción de telares para iniciarse en la producción de coches.

La verdad, tenemos mucho trabajo. Vuelta a los conceptos de siempre, atención a los detalles, cuidar la caja, poner orden en casa, reducir deuda desprendiéndose de lo que no sea nuestro centro de interés y pasear con los ojos bien abiertos por el mercado.

Parece fácil, ¿no? Fácil no es, pero hacerlo solos es imposible. El camino es coordinando esfuerzos y organizando las diferentes acciones de mejora, paso a paso, como proyectos entrelazados con un objetivo determinado y apreciado por todos. Las revoluciones las dejaremos para mejores momentos y nos hemos de dar cuenta que la solución será mejor si es una solución compartida. En definitiva, hacer de “buen gestor”, cumplir como líder y ser imaginativo e innovador en las mejoras. Y, como decía la teniente O’Neal: “cagando leches”.

Juan Carlos Estorach   &   Joaquim Esquirol

Gestión por Procesos